
Las fortalezas sociales: un convivir pleno
R. Esteban Montilla, Ph.D.
Octubre 2009
La vida plena es más que una búsqueda personal puesto que somos parte de una gran red de relaciones y conexiones. Esta realidad de una existencia vinculada nos lleva a entender que el bienestar total requiere movernos del individualismo hacia una vida compartida. Este convivir implica el uso sabio de las habilidades sociales con las cuales hemos sido equipados. Ahora, si bien es cierto que biológica y psicológicamente estamos “cableados” para vivir en relación, también es verdad, que, para lograr un convivir renovador y transformador se requiere del desarrollo concientizado de las destrezas sociales.
Este convivir significativo y trascendente representa entonces tanto un anhelo como un desafío. Un anhelo en el sentido de que nuestra naturaleza nos mueve hacia ese ideal de una vida compartida y un reto pues este convivir es un poco complejo. La complejidad de una vida vinculada la podemos notar en las rupturas relacionales que ocurren a nivel personal, familiar, comunitario y global. De hecho la gregariedad de los seres humanos es muy peculiar, en el sentido de que, por lo general, no establecemos nuestras relaciones en base a nuestra programación genética o biológica, sino que, haciendo uso de nuestra inteligencia nos conectamos con los demás teniendo en mente un cuadro existencial más amplio, al cual, llamamos proyecto de vida.
Las metas dentro de ese proyecto de vida –en gran manera– guían nuestra selección del grupo al cual perteneceremos. Es por esto, que aún el sistema familiar más cercano puede ser ‘escogido’ en función del gran plan existencial que de forma consciente nos hemos propuesto. Este círculo familiar no está limitado por vínculos sanguíneos, sino implicado con una exigencia en tanto seres racionales y, por ello, haciendo uso de nuestras habilidades intelectuales y afectivas podemos conformarlo. En este sentido, la ruptura en las relaciones humanas, lejos de señalar una debilidad o deficiencia, puede indicar un acto de sabiduría y valentía, ya que, demuestra nuestra capacidad de tomar decisiones y de actuar en congruencia con la protección del gran proyecto de vida o, en reconocimiento de la vida en abundancia para lo cual hemos sido diseñado.
Los estudios neurológicos nos confirman que la búsqueda social no está desprovista de la capacidad selectiva necesaria para la sobrevivencia y el florecimiento humano. Desde el mismo momento en que conocemos a una persona, el cerebro, basado en las memorias genéticas y culturales, nos da indicaciones acerca de las características holísticas de ella o de su cerebro. En esa primera ocasión o encuentro, sentimos y pensamos en la conveniencia de seguir con esa conexión social o, por el contrario, si es necesario que nos distanciemos de esa persona. En línea general, es sabio prestarle atención a esas intuiciones iniciales que el cerebro nos advierte, porque muy a menudo éste tiende a estar en lo correcto. En el evento de que decidamos nutrir esa relación, al acercarnos más y dar más de quienes somos, necesitamos seguir conscientes de que hay relaciones que nos acercan o nos desvían de ese gran proyecto de vida. En tal caso, el buen convivir significa algo más que el tener muchas amistades o conexiones sociales, implica el relacionarnos con inteligencia a fin de que logremos experimentar el bienestar total. Significa un bienestar conectado de manera vivificante con nosotros mismos, con las demás personas, con la flora, con la fauna, con el universo y con el Creador.
Es así como la vida plena ha de ser el macrolente a través del cual evaluamos las relaciones que establecemos durante nuestra existencia. Por supuesto, ese proyecto personal de vida plena tiene sentido, siempre y cuando, se inserte y vincule con el contexto social donde convivimos. El proyecto de vida personal visto en perspectiva con el proyecto social del grupo y comunidad al cual pertenecemos, nos energiza y nos motiva. Este plan existencial también se asocia con requerimientos específicos que permiten darnos cuenta de cuan claras son nuestras metas y nuestros sueños, es por ello, que necesitamos tener poder de voluntad y perseverancia para proseguir el camino hacia la meta última existencial: convivir en plenitud.
En tal caso, se trata de un convivir significativo, que hace la diferencia no solamente en nuestras vidas y en las vidas de las demás personas, sino, también, en el resto de la creación. La interconexión que existe entre todo lo creado y todo lo que compone este universo, es demostrativo de la necesidad de cooperar y colaborar, para así, en amor, dejar a un lado la competencia, el aprovechamiento desmedido y la exagerada explotación de todos los recursos. El llamado es a la interdependencia social y ecológica donde cada persona, dentro de sus realidades y posibilidades, experimente una convivencia renovadora, potenciadora y generativa. Es a través de este tipo de vinculación que crearemos una humanidad distinta donde reine una cultura de paz, de justicia, de humildad y de gracia.
Un convivir que haga la diferencia está marcado por la práctica de la hospitalidad, la generosidad, la solidaridad y la compasión. El ejercicio consciente y consistente de estas fortalezas sociales nos equipará para vivir de manera abundante al relacionarnos con entendimiento y propósito. Este tipo de vinculación dejará ver el nivel de inteligencia social nuestro. Una inteligencia capaz de revelarnos las visiones y perspectivas idóneas que nos permita procurarnos y ocuparnos por la importancia de crear un clima afectivo donde cada miembro de nuestro grupo o comunidad se sienta animado a usar todas sus capacidades y explorar todos sus potenciales.
Una vinculación con un alto sentido de responsabilidad social nos permitirá, además de reconocer la necesidad de soñar y esperanzarnos, el estar conscientes de que si podemos aprender a dialogar sin hacer uso de conductas agresivas y descalificadoras hacia las personas que sostienen puntos de vistas diferentes al nuestro. Un dialogo con sentido de escucha que oriente las acciones hacia propósitos y beneficios comunes, por supuesto, manteniendo siempre un clima conciliador y solidario. De manera que, si es posible convivir de manera plena, si es posible desarrollar vínculos significativos que nos permitan en el presente disfrutar del bienestar total y, al mismo tiempo, dejar un legado positivo a la posteridad. Hagamos la diferencia al hacer uso frecuente de estas fortalezas sociales las cuales hacen referencia a las actitudes y conductas de convivencia que nos permiten conectarnos de una manera más significativa y trascendente con nuestros semejantes. Con la intención de identificar y fortalecer nuestras fortalezas sociales dialoguemos entonces acerca de la hospitalidad, la generosidad, la solidaridad y la compasión.
Para leer la reflexión completa pulse aquí
Usted puede enviar sus comentarios y reacciones a este mensaje a la siguiente dirección electrónica. Muchas gracias. emontilla@capellanes.com
Bienvenidos y bienvenidas a nuestra Página
Esperamos que al navegarla pueda
encontrar la información que anda buscando. De no ser
así por favor háganoslos saber.
En esta Página usted encontrará información
pertinente a los servicios y programas educativos que ofrecemos.
Le avisamos que no todos los programas están disponibles
ya que algunos están en periodo de estudio y preparación.
Muchas gracias.
Ministerio Cristiano la Trinidad
Apartado Postal 4933. Carmelitas
Caracas 1010, DC.
Venezuela
mct@capellanes.com
Teléfono y Fax: 0212 – 578-3295
|